“Algo para recordar” es la típica película romántica de los noventa que cuenta con el principal atractivo de una de las parejas cinematográficas del momento, Tom Hanks y Meg Ryan, dos actores que ya tienen un hueco en la historia de la comedia romántica.
En esta ocasión el personaje de Hanks, un viudo que se siente solo y triste, se verá sorprendido cuando su hijo de nueve le está buscando una mujer que le alegre un poco la vida. Para ello, el niño Jonah, escribe una carta a un programa-consultorio de radio, y justo cuando su padre entra en antena y cuenta su historia con el corazón encogido, Annie (Meg Ryan), una mujer que está a punto de casarse con un hombre al que no sabe si quiere, escucha todo el monólogo desde su coche y queda tan profundamente afectada por lo está viviendo ese viudo que siente deseos de conocerle. La chica no puede contener las lágrimas y el romance imposible ya está servido. El filme, previsible hasta lo exagerado, a partir de este momento girará en torno a los esfuerzos personales de ella por encontrar a ese hombre cueste lo que cueste, aunque para ello tenga que romper su compromiso, y a las negativas de él a entrar en el juego amoroso que ha provocado su hijo. El mejor ejemplo de cómo dos personas separadas en la distancia se pueden conocer de la noche a la mañana.
Aparte de los dos protagonistas principales, grandes actores pese al resultado final de la película, también aparecen en pantalla caras conocidas por el gran público como Rita Wilson, Bill Pullman (”Malicia”, “Mientras dormías”), el marido de Annie, Rosie O´Donnell (”Los Picapiedra”), como amiga de fantasías de Meg Ryan, y una breve intervención de Carey Lowell como la esposa fallecida de Hanks.
La película está dirigida por Nora Ephron, que unos años después repetiría con esta pareja en “Tienes un e-mail”, cuyos resultados son muy similares a ésta, incluso peores, pero que siempre cuentan con la excusa de la buena acogida de público que consiguen. El único aspecto que queda grabado en la memoria tras visualizar “Algo para recordar” es el homenaje que rinde a la película de Leo McCarey “Tú y yo”, magnífica cinta interpretada por el gran Cary Grant y la elegante Deborah Kerr que narra una historia de amor de verdad, apasionada, en el interior de un barco, con el incentivo de que cada uno tiene su pareja y no les queda más remedio que tomar una decisión rápida, o seguir con esa aventura o romperla definitivamente. La respuesta al problema de esta película se resuelve en el Empire State de Nueva York, en el mismo lugar que finaliza “Algo para recordar”, en la última planta de ese gigantesco rascacielos, donde el frío es helador y donde la gente acude en masa.
Desde luego la mejor enseñanza que puede dejar la película de Nora Ephron es la de animar al espectador a ver “Tu y yo”, ya sea la versión moderna en color, que es la que aparece en la televisión de Annie, o la más antigua, no menos excelente, firmada también por McCarey y protagonizada por otros dos magníficas estrellas de la época, Charles Boyer e Irenne Dune. Pese a este homenaje y a algunos puntos en común con estos dos filmes de McCarey, Ephron elabora un guión original, con una estructura propia y un desarrollo y resolución distintos a aquellos; algo que no sucede en “Tienes un e-mail”, un remake moderno de “El bazar de las sorpresas” de Ernst Lubitsch, interpretada por James Stewart y Margaret Sullavan y que no aporta ningún aspecto novedoso, sólo el hecho de que en la versión actual los protagonistas se conocen tras una comunicación previa por e-mail, y en la clásica por carta. En cualquier caso siempre es preferible un homenaje a ciertas escenas de una película anterior de éxito que la repetición idéntica de una historia que, por si fuera poco, lleva la firma de Lubitsch, uno de los mejores directores de la comedia clásica de los cuarenta y “padre” cinematográfico de Billy Wilder.
El film arranca bastante bien, incluso las ideas del niño de nueve años por animar el estado de ánimo de su padre resultan divertidas y maravillosas, pero este tipo de películas pierden prestigio por su inocente e increíble desarrollo, que nos llevan irremediablemente al final que todo espectador espera desde el principio de la película. Este tipo de comedias previsibles triunfan, como ocurría en el pasado, por unos intérpretes sobresalientes y sobre todo por unos guiones inteligentes, estudiados al milímetro y que enganchaban en cada escena, independientemente de que el final sea el esperado. Algo de esto tiene el inicio de “Algo para recordar”, la posición de intermediario del niño consigue, a través de un programa de radio, iniciar una prometedora historia, pero que luego se diluye en los convencionalismos habituales del género y no consigue aportar nada nuevo.
Tras esa intervención radiofónica, sin duda lo mejor de la película, el guión está forzado para que el final feliz quede más acentuado. Annie, una periodista soñadora, está a punto de casarse con un hombre un tanto aburrido y por ello cada vez tiene más dudas a dar ese importante paso, no sabe si es la persona adecuada. No lo tiene nada claro y tras escuchar por la radio la historia de ese viudo, una tragedia que le llega al corazón, sus dudas se acrecientan hasta que al final se decide a buscarle. Por otro lado está la “cabezonería” de él, de decir constantemente que está bien, que lo superará y que no quiere conocer a nadie más. El guión estira estas historias hasta que ella deja sus complejos atrás y le busca desesperadamente y él finalmente accede a estar con otra mujer, y la película culmina en el “happy end” tradicional.
La película aprovecha el tirón comercial de su pareja protagonista y la cantidad de seguidores que tienen estas películas románticas, de lágrima fácil que se dispara tras el sufrimiento de todo el filme hasta su momento final. El cine está plagado de historias románticas, de amores imposibles y estremecedores, que acaban en un final feliz y sin embargo muchas cuentan con el apoyo de la crítica porque tienen la impronta personal de un gran realizador, de un guión creíble y una forma de dirigir más ágil y estudiada.
Por tanto “Algo para recordar” pretende heredar la pasión de las historias de amor de antes, como “Tu y yo”, pero sin embargo carece de la magia que envolvía a aquellas películas y tiene momentos en los que llega a “empalagar”, salvo en el principio del filme cuando la magia que siempre tiene la radio se convierte en el eje principal y de unión entre dos personas que se encuentran separados por miles de kilómetros de distancia.

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Estimado Sergio,
Casualmente me he topado con un artículo de su autoría referente al origen de la radio en Venezuela. No sólo me pareció un trabajo completo y acertado en sus datos, también encontré que está muy bien escrito y acorde al público que consulta la red.
Un fuerte abrazo y feliz día…
Lucía J. León A.