La acción de “El golpe” (George Roy Hill, 1973) se desarrolla en la ciudad de Illinois, en el año 1936. Dos hombres estafan en una callejón a un tipo que lleva una gran cantidad de dinero en la cartera.
Con el botín, Luther Coleman, el más mayor de los dos, decide retirarse del negocio y propone a su joven amigo Johnny Hooker (Robert Redford) que hable con Henry Gondorf (Paul Newman), para seguir con su estilo de vida. Hooker en un principio no quiere ir a ver a ese hombre, pero cuando se da cuenta que el hombre estafado pertenece a la banda de un mafioso de Nueva York, Lonnegan, que no dudará en ordenar su muerte y la de su compinche, no se lo piensa y acude a Gondorf.
La primera aparición de Gondorf es la de un hombre patético, que duerme echado en el suelo ya que su enorme borrachera le ha tirado de la cama, y no tiene ninguna preocupación, nada le importa. Hooker le propone vengarse de Lonnegan, lo que le abrirá los ojos a Gondorf para realizar el gran timo de su vida, precisamente contra ese mafioso. A partir de este momento se pone en marcha toda la maquinaria necesaria para dar el gran golpe, primero con una partida de cartas y luego con las carreras de caballos.
Si hay una escena mítica de esta película es por supuesto la partida de póquer entre Gondorf y Lonnegan en un tren. El resto de jugadores se arruinan y sólo quedan en la mesa ellos dos. Ambos haciendo trampas consiguen ligar un póquer pero el de Henry es de “jotas” y el del mafioso de “nueves”. La forma de narrar la partida es magistral, primeros planos de los protagonistas, de las cartas, miradas enfrentadas, el cinismo y la astucia en el rostro del timador, y el desconcierto y la rabia en el del gángster, todo un alarde de puesta en escena, de emoción y de puro nervio. Cuando Gondorf gana la partida envía a Hooker personalmente para que vaya al vagón de Lonnegan y recoger el dinero, y es a partir de este instante cuando se empieza a gestar la escena final de la carrera de caballos.
En un decorado que planifican los amigos de Gondorf se presenta una sala de apuestas lujosa, dirigida por el propio personaje de Paul Newman donde tendrá lugar el gran golpe. Lonnegan irá sabiendo ya el ganador de la carrera por un soplo que recibe por teléfono, pero lo que no sabe es que todo está organizado para que caiga en el anzuelo. Las carreras se organizan allí mismo, preparan un equipo de radio en una habitación adjunta donde el locutor ya sabe lo que tiene que decir. La radio se convierte en el núcleo principal de todo el engaño final, el instrumento necesario para que toda la planificación anterior termine en éxito. Esta escena, enfocada como una representación teatral, está rodada de una manera magnífica, planificada al detalle, y donde ninguna toma es innecesaria o está fuera de lugar. Es el colofón perfecto para una película memorable en todos los sentidos, con escenas inolvidables, además de esta final y la de la partida de cartas, es realmente magnífico el inicio de la película con la cámara situada debajo de unos escalones y con un hombre subiendo las escaleras poco a poco hasta que se ve envestido por los timadores.
El guión, obra de David S. Ward, es divertido, hábil y tiene muy bien marcado los tiempos de cada parte de la película lo que la hace mucho más ágil, además de mantener un ritmo muy acelerado en sus 124 minutos de metraje. Curiosamente está dividido en seis actos bien diferenciados mediante unos pertinentes títulos sobreimpresionados: “the players/los protagonistas”, “the set-up/el plan”, “the tale/el tinglado” “the wire/la trama”, “the sting/el golpe”. Otros aspectos destacables son el vestuario, la original puesta en escena y la excelente música ragtime de Scott Joplin adaptada en esta ocasión por Marvin Hamlisch. Paul Newman y Robert Redford vuelven a trabajar juntos a las órdenes de George Roy Hill, tal y como lo hicieran en la exitosa “Dos hombres y un destino” (1969). Junto a los dos principales encontramos buenas apariciones como la de Robert Shaw, que da vida al gángster víctima del timo, Dana Elcar (como el agente Polk) o Ray Walston en el papel de J.J. Singleton.
La química entre Redford y Newman es perfecta desde la primer escena en que aparecen juntos en la atracción de la feria, y ese buen entendimiento seguirá a lo largo de toda la película. El papel de Redford, Hooker, es el de un tipo impulsivo, hábil, pero que se gasta todo el dinero rápidamente. La vida cambia para él cuando conoce a Gondorf porque a partir de ese momento debe vestir de otra forma y mantener controlados sus nervios. Sin embargo “su maestro” es todo lo contrario, lleva una vida personal desastrosa, oculto de la civilización, con una mujer a su lado que no se sabe muy bien si es su amante o su simple protectora, pero cuando se pone a trabajar es un hombre completamente diferente: tiene controlada la situación en todo momento, es paciente, inteligente y no le tiembla el pulso en ningún instante, ni siquiera cuando está jugando una partida de cartas con el mafioso más peligroso de Estados Unidos y rodeado de sus guardaespaldas. Ambas personalidades diferentes tienden a unirse ya que uno compensa las debilidades del otro. Los dos actores no volvieron a trabajar juntos, pero por separado coincidieron con Roy Hill, Redford en “Carnaval de las águilas” y Newman con “El castañazo”.
En “El golpe” están maravillosos, el mayor de ellos, Newman, en el mejor momento de su carrera, y Redford empezando la suya. Buena parte del mérito de la película se debe a estos dos galanes del cine, que en este caso dan lo mejor de sí mismos. Paul Newman seguiría después con su exitosa carrera y conseguiría un merecido Oscar por “El color del dinero”. Por su parte Robert Redford, aunque también sigue actuando, ha preferido continuar su trayectoria detrás de la cámara donde ha dirigido películas como “Gente corriente” que le valió un oscar como mejor director, “El río de la vida” o “El dilema”. El filme ganó siete Oscars en la edición de 1974, entre los que se encuentran los correspondientes a la mejor Película y Dirección y Banda Sonora.
“El golpe” es de aquellas películas inolvidables, que el paso del tiempo las hace más y más valiosas todavía. Además de estar muy bien construida, interpretada y ambientada, tiene escenas memorables que perduran en la retina del espectador, deja un sabor de boca muy dulce, una media sonrisa al final del filme y una sensación de que se ha disfrutado durante dos horas como en pocas ocasiones. Y por supuesto todo el mundo acaba tatareando la memorable banda sonora que encaja perfectamente en la trama de la película.

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