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La noche de los transistores

¡Todo el mundo al suelo! Con estas palabras, pronunciadas la tarde del 23 de febrero de 1981 en el Congreso de los Diputados, España se paralizó.

En el hemiciclo, donde se celebraba la investidura del presidente Leopoldo Calvo Sotelo, irrumpía el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero Molina, acompañado por 200 guardias civiles, con la intención de perpetrar un golpe de estado contra la aún frágil democracia.

La conspiración comenzó en julio de 1980 en un restaurante madrileño, donde se citaron Tejero, Juan García Carrés y el teniente coronel Pedro Mas Oliver, ayudante del capitán general de Valencia, Jaime Milans del Bosch, quien llevaba instrucciones claras de encargar a Tejero el asalto a la Cámara Baja.

Una vez estructurado el plan, sólo había que ponerlo en práctica. Primero, tomar el Congreso. Después, ordenar la intervención de la División Acorazada Brunete (DAC). Por último, incorporar al golpe a los capitanes generales tras el bando que el mismo día se haría público en Valencia, y el posterior nombramiento del general Armada como presidente del nuevo Gobierno.

Son las 18:00 horas cuando comienza la votación nominal, en la que Calvo-Sotelo sólo precisará de mayoría simple para ser investido nuevo Presidente del Gobierno Español. Las emisoras de la SER y RNE son sintonizadas por la mayoría de españoles. En el momento en que iba a emitir su voto el Sr. Manuel Núñez Mencado, a las 18:20 horas guardias civiles entran en el hemiciclo y piden a los presentes que permanezcan quietos en sus escaños. El Teniente Coronel Antonio Tejero Molina encañona con su pistola reglamentaria al Presidente de la Cámara, Landelino Lavilla.

Las escenas que se vivieron tras la entrada de Tejero en el Congreso fueron muy diversas. Mientras Santiago Carrillo y Adolfo Suárez desobedecían las órdenes del militar golpista y permanecían sentados en sus asientos, el general Gutiérrez Mellado se enfrentó a Tejero, le pide explicaciones y es zarandeado por varios de los asaltantes. El resto de diputados secuestrados desaparecieron tras sus escaños, aunque poco después volvieran a reincorporarse.

A las 18:23 horas RNE interrumpe su emisión en directo. La Policía Nacional rodea la zona del Palacio de Congresos. Poco antes de que Tejero ordenara cortar las comunicaciones telefónicas ordenó que no le molestaran a no ser que le llamaran desde Valencia. Sobre las siete de la tarde un número de la guardia civil se acerca al Teniente Coronel y le dice: “Valencia al teléfono”. Se oyó nítidamente decir a Tejero: “¿Diga, mi General?. Sin novedad, mi General. Todo va bien”. Y al colgar exclamó: “¡Viva España, por fin!” . El Teniente General de la III Región Militar (Valencia), Jaime Milans del Bosch, hace público un comunicado a través de todas las emisoras de la capital valenciana decretando el estado de excepción de su zona y asumiendo el mando judicial así como del ente autonómico. Dicho comunicado es emitido cada media hora.

El asalto a la Cámara ya estaba en boca de todos, y el miedo hizo que los ciudadanos se ocultaran en sus casas. Se temían lo peor. Milans del Bosch había impuesto el estado de excepción en Valencia y Tejero se había hecho fuerte en el Congreso. Para parar la intervención de la DAC se pusieron en marcha las directrices del capitán general de Madrid, Guillermo Quintana Lacaci, y del jefe del Estado Mayor del Ejército, teniente general José Gabeiras Montero. El primero, a través de la red de mando, impidió que la División Acorazada cumpliera su objetivo. Por su parte, Montero desmontó los intentos de Milans de convencer a los capitanes generales de que el Rey estaba detrás de la operación golpista. La confusión era total, había quienes ya preparaban las maletas. Mientras unos gritaban “Tejero, mátalos” y “Milans al poder” otros les contestaban “Fascistas y Viva la Democracia”. 

Sobre las 20:00 horas efectivos militares hacen su aparición por las calles de Valencia desérticas. Tanques y multitud de soldados por sus calles como si de una invasión se tratara. En TVE emitían “300 millones” y por la radio estatal música militar el primer cuarto de hora y música ligera a continuación. Fue la noche de los transistores.

No es hasta las 22:15 horas que el President de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol, se dirige a los catalanes a través de RNE explicando la situación, las conversaciones que ha mantenido con el Rey y con la Capitanía General, y la normalidad que existe en Cataluña salvo excepción de los hechos acaecidos en Madrid y en Valencia.
Mientras tanto, en Madrid no paran de hacer reuniones en el Hotel Palace generales tales como Alfonso Armada, Aramburu Topete o Sáez de Santamaría. La comunicación del Rey con éstos y con las distintas Capitanías Generales es total y estrecha.

Por fin, a las 01:14 horas del día 24 el Rey se dirige a toda España por medio de radio y televisión vistiendo el uniforme de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. Gracias a su mensaje tranquilizador, desautorizando a los conspiradores, los españoles pudieron dormir un poco más tranquilos esa noche. Comenzaba la decadencia del golpe.

Instantes después, a las 01:20 h., el General Milans del Bosch ordena la retirada de las fuerzas a su mando estacionadas en la vía pública de Valencia. A partir de esta hora, numerosos capitanes generales y altos mandos del ejército manifiestan su adhesión al Jefe del Estado. Y es a partir de ese momento cuando la intentona empieza a desmoronarse, aunque nada esta todavía controlado y las reuniones y las llamadas telefónicas entre mandos militares, la Zarzuela, las Capitanías Generales y el Palacio de Congresos no cesan. Es una noche muy larga.

A las 09:45 horas se confirma que 11 guardias civiles se han entregado saltando por una ventana de la planta baja. Los guardias civiles que rodean el edificio ayudan e invitan a salir a los insurgentes arrepentidos. Al poco rato ya son casi cincuenta.

A las 11:50 horas comienzan a salir los diputados del Congreso. Pasado el mediodía y rodeado de altos mandos, Tejero subía en un coche oficial con matrícula de la Guardia Civil para entregarse en la Dirección General de la Guardia Civil.

A las 12:50 horas la Junta de Jefes de Estado Mayor comunicaba al país que “se ha resuelto favorablemente el asalto al Palacio del Congreso de los Diputados y en estos momentos reina la normalidad en toda España”.

El 23-F fue como un jarro de agua fría para quienes aún creían en un España con cadenas, y la llama que avivó el fuego de una democracia que, aunque joven, demostró madurez. Unas horas inolvidables para los que lo vivieron.

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...por Sergio Yuguero ...por Sergio Yuguero


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