A partir del siglo XX y hasta nuestros días, los españoles han podido escuchar las retransmisiones radiofónicas que han elegido libremente salvo en la larga época del franquismo.
Con la llegada de la II República, crecía el número de personas que disponían de una radio y por lo tanto la audiencia se incrementaba poco a poco. Durante este período fueron naciendo estaciones locales de radiodifusión, proliferando hasta llegar a ser un gran número y conseguían enganchar a muchas personas que residían en España. Pero la radio, este aparatito de ondas electromagnéticas que hacía tan feliz a sus oyentes, sufrió un momento amargo en su vida que nunca se borrará de su “sonora memoria” ni de la de sus radioescuchas. La sublevación militar de julio de 1936 es decir, el estadillo de la Guerra Civil Española cambió el objetivo de los mensajes que se difundían en radio convirtiéndose en un instrumento ideal para la propaganda política que utilizaban los distintos bandos combatientes para lanzar sus particulares mensajes propagandísticos.
Una vez que estalló la guerra en nuestro país, la necesidad más urgente fue la unificación del mando, que la Junta de Defensa Nacional pasó al general Franco, el “Caudillo” así que, el general Francisco Franco implantó una nueva dictadura y con ella se acabó la libertad de expresión en radio. Como consecuencia, de todo ello, y de manera similar a lo que sucedió con la prensa, un rasgo particular de la radiodifusión española en esta época fue su “minifundismo”, pudiéndose hablar de un “minifundio de emisión, latifundio de información”, pues el primer elemento de control fue el monopolio de la información por parte del Estado y la censura previa de la programación de las emisoras, las radios no podían programar nada que el poder político no quisiera.
Los censores tenían como labor controlar los guiones para que nada indebido se retransmitiera, al tiempo que las radios comerciales, las privadas, estaban obligadas a conectar siempre con Radio Nacional de España (Rne) para emitir los servicios informativos que elaboraba esta red gubernamental y que se conocían con el nombre de El parte, debido a que durante los años de contienda civil, el espacio informativo por excelencia era, precisamente, el parte de guerra. Las estaciones distintas a Rne sólo podían confeccionar las noticias comarcales y locales, pero eso sí, siempre bajo la supervisión de la autoridad competente. Asimismo, el 19 de enero de 1939, poco antes de que acabara la Guerra Civil, se creó Radio Nacional de España, a la que se le asignaría, tal y como hemos visto, el monopolio de la información en nuestro país, gracias a la promulgación, unos años antes, de la Ley de Prensa que estaría en vigor hasta el año 1966.
Por lo tanto, el panorama radiofónico que se vivió en España durante la larga etapa del franquismo o “Cruzada” (terminó que acuñó la Iglesia Católica Española para justificar la Guerra Civil) se caracterizó, a pesar de la persistencia de su localismo, por la concentración geográfica y la formación progresiva de cadenas importantes, el lento incremento de la escasa potencia de las emisoras y la racionalización del caos en las frecuencias radiofónicas.
Después de la Guerra Civil, el panorama radiofónico español se presentaba abrumadoramente dominado por las pequeñas emisoras locales en onda corta, que bajo el indicativo de “EAJ” fueron creadas al amparo, primero del Reglamento de 14 de junio de 1924 y, posteriormente, del Decreto de 8 de diciembre de 1932. A diferencia de la Prensa, hay que destacar la rápida formación de cadenas importantes, pues además de la creación del “Servicio Nacional de Radiodifusión” en torno a Rne y sus diversas emisoras (Madrid, Barcelona, La Coruña, Huelva y Málaga, a parte de las emisora local de Cuenca en onda corta), así como las pequeñas emisoras locales de onda media que de manera aislada fueron utilizadas por Falange tras el estadillo de la guerra, agrupándose todas ellas bajo el emblema “F.E.T.”, siglas que indican el nombre de Falange Española Tradicionalista. Además, cabe destacar el nacimiento a finales de 1939 de la “Sociedad Española de Radiodifusión” (SER), heredera de la antigua Unión Radio de Madrid.
Aparte del Ejército, la Iglesia católica española fue uno de los principales apoyos institucionales de que dispuso el franquismo. Lo cierto es que desde el estadillo de la Guerra Civil hay que destacar la importancia fundamental de la labor doctrinal y la acción política que la institución religiosa católica española desarrolló a favor del régimen franquista. Y la radio, también en este aspecto se vio afectada por la influencia de la Iglesia. Así que, a partir de la aprobación por parte de la constitución de la “Comisión Episcopal de Cine, Radio y Televisión” en 1956 comenzó a funcionar al año siguiente, 1957, la “Cadena de Ondas Populares Españolas” (COPE).
En definitiva, con la muerte del general Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975 y por miedo a posibles cambios, la censura en la radio se incrementó notablemente, ya que en aquella época no sabían lo que les esperaba. Sin embargo, tuvieron que transcurrir dos años para que llegara ¡el milagro! Un hecho histórico en la vida de la radio: se aprueba la libertad de información, lo que supone que, por fin las emisoras no tenían que depender de Radio Nacional de España para transmitir los servicios informativos. Se había acabado el monopolio de esta cadena en este sector y la radio comienza a parecerse al medio de comunicación que es hoy en día.
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La radio durante el franquismo es un ejemplo de lo que jamás debería volver a suceder: información censurada al servicio de un dictador, Franco.
Por suerte esos tiempos quedaron atrás y las emisoras respiran más libertad informativa.
Franco era un dictador y utilizó las emisiones radiofónicas para su beneficio propagandístico.