Dicen que llorar alarga la vida. Si la media de años de vida de las mujeres supera a la media masculina, muy probablemente tenga que ver con las horas invertidas por ellas en solidarizarse con las desdichas de Ama Rosa, Lucecita o Simplemente María, o con las ocurrencias del abuelo Segis en La Saga de Los Porretas.
El ritual catártico acostumbraba a tener lugar en la cocina, después de comer en el primer caso, y en el desayuno en el segundo.
El “serial” como difusión fragmentada por capítulos de una novela nace en la radio española en la primera mitad de los 50 patrocinado por una firma comercial, preferentemente alimenticia. No puede entenderse el serial sin el patrocinio publicitario; cuando los anunciantes reorientan su inversión hacia la televisión, que cada vez tiene más auge, muere el serial. Aunque la radio ha cambiado y algunos de los programas que se hacían antes serían casi impensables ahora, en la época de la transición las emisoras de radio apostaron por programas nuevos, diferentes a todo lo anterior y que tuvieron la aceptación de los oyentes.
“La Saga de los Porretas” (1977) era uno de los programas de más audiencia de la Cadena SER. Las aventuras del abuelo Segis y sus conflictos con su nuera Candelaria eran la referencia diaria y divertida en el desayuno de muchos radioyentes antes de ir a trabajar o a estudiar. La serie, magistralmente interpretada por Manuel Lorenzo en el papel de Segismundo Porretas, ha sido la de más éxito de la radio democrática, y marcaba una forma de entender la radio bastante distinta a la actual.
Con “La Saga de los Porretas”, la comedia costumbrista sustituye al serial lacrimógeno. En plena Transición democrática, la gente se lo quiere pasar bien y prefiere el humor: La saga de los Porretas ofrecía 10 minutos diarios de divertimento con diálogos vivos. «El eje de la situación», es el abuelo, un vitalista total y un auténtico ligón a pesar de sus 80 años, alrededor del que gira no sólo su familia, sino una cantidad de personajes que dan pie a otras situaciones. La acción se sitúa casi siempre en casa del abuelo y en el Casino del Buen Jubilado. Todos los demás contactos se hacen a través del teléfono. También son históricas sus “problemillas” con la nuera, siempre intentando pinchar a la mínima oportunidad a la mujer de su hijo, con su estilo particular, divertido; mientras ella replicaba, también al marido, sobre las costumbres que tenía su padre, por otro lado, poco habituales. Todo en un ambiente cercano, que provocaban una sonrisa y el buen humor por la mañana en un país que no estaba precisamente en su mejor momento. Los tiempos siempre son reales (las vacaciones duraban un mes y los embarazos, nueve). La serie recibió el Premio Ondas en 1978. Duró en antena hasta 12 años (acabó de emitirse el 1 de julio de 1988).
Fernando Alonso (Avelino)
Manuel Lorenzo (Abuelo)
Alfonso Gallardo (Juanito)
Matilde Vilariño (Pepita)
Carmen Tarrazo (Tía Luzgarda)
Jorge Sorel (Honorio)
Paco Barrero (Aristóteles)
José Luis Manrique (Conserje del Casino)
María Arias (Piluchi)
Alfonso Laguna (Japonés)
Carlos Mendy (Don Hermógenes)
José Enrique Camacho, (Saturnino Festón)
Marta Puy (Rosario-Bella Chulita)
Matilde Conesa, (Candelaria)
Eduardo Vázquez creador de “La Saga de los Porretas” fue uno de los guionistas más brillantes de la Historia de la Radio española. De su pluma nacieron dos seriales de alto calado: el recordadísimo y divertidísimo Matilde, Perico y Periquín (1955) con Matilde Conesa, Pedro Pablo Ayuso y Matilde Vilariño, programa estrella de la época, que entretenía a la audiencia con las andanzas de Peniquín, que siempre acababa “cobrando”; y “La saga de los Porretas” (1977), ambos emitidos por la Cadena Ser y que entretenían a las mujeres mientras cosían, planchaban o hacían cualquier trabajo en casa (pocas estaban “liberadas”). Vázquez había nacido en la ciudad de Madrid en 1913, aunque su familia procedía del pueblo de Morata de Tajuña. Autodidacta, siempre tuvo dotes para la redacción y la literatura. Aprobó unas oposiciones de factor de RENFE, pero la guerra truncó su futuro como ferroviario. Tras la contienda, compaginó su aburrido empleo matutino en una compañía eléctrica «atendiendo las quejas» con colaboraciones vespertinas para la radio, a la que terminó dedicándose a tiempo completo.
Los sesenta fueron años de modernidad y prosperidad, tiempos ye-ye, niñas de faldita plisada y calcetines blancos delante de un micrófono cantando la ovejita lucera, hombres tristes contando chistes malos, ilusionistas que perdían el conejo por la manga, batas de cola girando como una peonza a mayor gloria del arte, melenudos aporreando baterías y kilovatios… todos buscaban una oportunidad. Y algunos la encontraron en “El Gran Musical” o en “Salto a la Fama”. Los ensayos acostumbraban a tener lugar en el garaje de los padres de alguno de los componentes del grupo. Ese año, 1977, es el momento en que la radio se transforma en medio informativo; a primera hora de la mañana los equipos de los magazines ya hace horas que han leído los periódicos, han vaciado los teletipos, han escrito los guiones y han citado a los invitados y tertulianos; entre medias de todo, aparecen las historias de “La Saga de los Porretas”, mientras cada español está preparando su desayuno o se está vistiendo para ir a trabajar como cada día.
Era una España donde estaba prohibido pecar de pensamiento, palabra y obra. Por eso la radio, todas las emisoras de radio, tenían la obligación de dar la Cartelera de Espectáculos y Clasificación Moral de los mismos. Había mucho peligro. Entonces, cuando te ibas a confesar, el cura siempre preguntaba lo mismo… Es la época en la que se estrena el espacio sobre la programación de Televisión Española “625 Líneas”, aparece el programa “Popgrama” presentado por Carlos Tena, las series “La Mujer Policía”, “Matt Helm”, “El Planeta de los Simios”, “Los Pilotos de Spencer”, “Quincy”, “Hombre rico, Hombre pobre”, “Starsky y Hutch”, “Costa Bárbara”, “Harry 0″, “Lucas Tuner”, “La Maravillosa Familia”. Se estrena la película “Me siento Extraña” con Barbara Rey y Rocío Durcal (este film convirtió a Bárbara Rey en un mito erótico) o “La Guerra de las galaxias”. Era otra España, otro tiempo.

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