“Cuando se declara la guerra la primera víctima es la verdad” esta frase, pronunciada por el senador californiano Irma Jonhson en 1917, cobra nuevo sentido en cada confrontación desde el siglo pasado: la II Guerra Española, la II Guerra Mundial, Vietnam y Corea, el Golfo.
Cada contienda pone de manifiesto el poder que los medios de comunicación ejercen tanto sobre la opinión pública como entre los bandos enfrentados. La última guerra en Irak no es una excepción, más allá del bombardeo de imágenes al más puro estilo Hollywood, el éxito de los canales locales o la potencialidad de Internet, la radio, se perfila como una de las herramientas más persuasivas en el teatro de la guerra.
Su uso tiene una doble finalidad: por una parte es la de generar un clima de alarma y amenaza que favorezca una actitud social acorde con la intervención, por otra, incentivar a las propias tropas y minar la moral del enemigo. Cada vez que comienza un conflicto, los medios experimentan una confrontación paralela cuya primera víctima es el derecho a la información. La persuasión y el engaño a través de estrategias propagandísticas pueden resultar tan infalibles como la última tecnología armamentística.
En el argot militar se conoce por “gestión de la percepción” todas las acciones dirigidas a influir sobre las actitudes y el razonamiento lógico de la población extranjera: Servicios diplomáticos, Operaciones psicológicas, Medidas de decepción y acciones encubiertas. Tanto los gobiernos como los ejércitos son conscientes de la importancia de controlar la opinión pública y tener capacidad para explotar el potencial de los medios y para tomar medidas de protección frente a su uso por parte del enemigo.
Mucho antes de que estallara la guerra en Irak, EE.UU ya había iniciado su ofensiva psicológica. Además de apoyar emisoras locales como Radio Free Iraq, contaba con seis emisoras clandestinas u “oscuras” dirigidas y financiadas por disidentes, agencias de inteligencia, conglomerados mediáticos o lobbys propagandísticos. Muchas de ellas, escondidas en búnkers u operando desde un avión, lanzaban mensajes instando a los soldados a abandonar la Guardia Republicana y animando a la población civil a rebelarse contra el régimen.
Cuando comenzaron los bombardeos sobre Bagdad, la programación de la Radio Estatal Iraquí fue reemplazada durante tres horas por un mensaje propagandístico en el que se anunciaba: “Hemos comenzado a bombardear las instalaciones del régimen iraquí. Este es el día que hemos estado esperando. El ataque a Irak ha comenzado”. Durante los días sucesivos, los mensajes del presidente George W. Bush, llegaban directamente al pueblo iraquí a través de su versión traducida en radio.
Radio Sawa, la más importante, emite música y boletines de noticias en árabe desde Washington. A través de FM se escucha en Amman, Kuwait, Doha, Manama y mediante AM en el Cairo y algunas zonas del Golfo Pérsico. Perteneciente al conglomerado gubernamental BBG, forma parte de una iniciativa para contrarrestar influencia de Al-Jazeera y otros canales locales.
“La tiranía de Sadam tiene sus días contados… Nuestro pueblo vencerá” o “Ustedes serían tontos en no darse cuenta de la ira popular que les espera si no se apartan de esta banda criminal. Ustedes conocen los crímenes que Sadam y su banda han perpetrado contra gente inocente”, son algunas de las consignas que lanzadas desde Radio Tikrit, El Futuro, Radio Ríos Gemelos o Radio Información.
Por lo que respecta al bando iraquí, desde el principio de la confrontación, el gobierno y el Partido Ba´ath monopolizaban los principales medios de comunicación, que actuaban como voceros del régimen. El hijo del presidente, Uday Hussein, controlaba, entre otros muchos medios, la emisora “Voz de la Juventud”. Ningún medio local pudo escapar a la contaminación informativa de aquellos días. “Este es nuestro día, saldremos victoriosos y moriremos como fieles mártires en defensa de nuestro gran Irak” arengaba a sus oyentes, el día del ataque, la radio oficial Sawt at-Jamahiriyah.
El régimen baazista, muy consciente de la importancia de ganarse el apoyo de una opinión pública que en las zonas más golpeadas por la guerra y la escasez de recursos empezaba a sucumbir a las ayudas ofrecidas por los aliados y pese a haber perdido, durante la guerra del Golfo, la mayoría de sus transmisores, desarrolló un potente despliegue propagandístico. Sus ataques contra EE.UU, Israel y los “árabes traidores” resultaron tan efectivos que la propia oposición interna llegó a reconocer que Sadam Hussein estaba ganando la batalla psicológica.
Las continuas interferencias y una información descontextualizada, basada en simplificaciones, generalidades, eufemismos y sobre todo, en el miedo son sólo algunas de las tácticas empleadas por ambos bandos en la denominada de la “niebla de la guerra”. Los desmentidos del gobierno y de los aliados, la intoxicación, la manipulación, la censura o el asesinato de los informadores, han sido algunas de las respuestas de esta guerra mediática. En el caso de la Radio, en un país como Irak, sus consecuencias adquieren dimensiones insospechadas, debido al alcance de su transmisión y a su poder persuasor en un país donde gran parte de la población es analfabeta.

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Siempre ocurre igual, los medios de comunicación son utilizados a niveles políticos para “desinformar” de lo que verdaderamente ocurre en el frente.