“Viven” (Alive), dirigida por Frank Marshall en 1993, es una de las películas más duras que se han realizado sobre un hecho real. En octubre de 1972 el avión en que viajaban los componentes de un equipo de rugby uruguayo se estrelló en los Andes (Cordillera de Chile).
Aunque parezca increíble algunos de los pasajeros, un total de 28, consiguen sobrevivir en un primer momento al impacto y se quedan aislados en la nieve a muchos metros de altitud. La parte delantera del avión queda en buen estado y sirve como refugio a los supervivientes a la espera de la llegada de los equipos de salvamento. Pero van pasando las horas, los días, y nadie viene a buscarles. Uno de los personajes consigue escuchar en la radio que han dado por perdidos y muertos a los pasajeros del avión siniestrado y a partir de este momento comienza el verdadero drama de la situación. Los supervivientes se dan cuenta de que si quieren salir con vida de esas montañas deberán ser ellos mismos los que lo consigan.
En esas circunstancias algunos de los pasajeros más delicados empiezan a morir, la escasa comida que llevaban se acaba y el intenso frío no cesa. Ante el acuciante problema de la falta de alimento, tomaron una decisión que más tarde conmocionaría al mundo por su crudeza, pero que en ese momento suponía la única esperanza para conseguir sobrevivir: alimentarse de los cadáveres de los fallecidos. En un principio muchos de ellos se niegan en rotundo porque es demasiado cruel arrancar la piel de amigos, compañeros del equipo e incluso familiares que van pereciendo a medida que pasan los días, pero cuando van pasando las semanas y nada cambia finalmente todos aceptan. Pese a que la comida no les falta, porque además siguen muriendo más compañeros, no pueden estar en ese lugar para siempre. Deciden intentar encontrar la parte trasera del avión donde se encontraban antes del accidente las baterías para la radio y así poder ponerse en contacto con los equipos de salvamento.
La película es una historia trágica, que lo es aún más si tenemos en cuenta que ocurrió realmente. Es el mejor ejemplo de esfuerzo de superación del hombre en una circunstancia extrema, donde todas las condiciones externas son desfavorables y sólo hay tiempo para mirar hacia delante y lograr sobrevivir, mientras seres queridos van muriendo alrededor o lo han hecho desde un principio.
El film está inspirado en la novela del mismo título de Piers Paul Read. El director Frank Marshall (Aracnofobia) es el productor de muchos filmes de Spielberg y para esta ocasión rodó en Canadá en tres lugares diferentes: en una montaña a 2.500 metros de altura (para lo cual la producción estableció un campamento), al pie de la montaña y en un estudio de Vancouver, para las escenas interiores. Para hacer la película se documentó al máximo sobre aquel suceso e incluso habló con algunos de los supervivientes del avión.
En general “Viven” tiene todas las cualidades de una buena producción, bien narrada, bien interpretada para la ocasión (actores desconocidos y con poca experiencia para que dieran más realismo todavía a la situación, sólo es conocido hoy día Ethan Hawke, que aparece entre otras en “El club de los poetas muertos”), con un ritmo adecuado dentro de una historia dramática pero al mismo tiempo aventurera, y un escenario incomparable. La fotografía y música están muy bien escogidas y aportan una belleza visual mayor al conjunto. La escena del accidente tiene los mejores efectos especiales pero mucho más impactante que eso es la realidad, la credibilidad que esos planos poseen por sí solos, que dejan al espectador sorprendido y aterrado aunque ya se espere lo que está pasando.
Una de los detalles positivos de la película es que no se centra solamente en la tragedia y huye de sentimentalismos fáciles. No se recrea en los puntos más desagradables de la situación, sino que el guión siempre está enfocado en lo que los personajes tienen que hacer para salvarse e incluso se observan muchos detalles de compañerismo, de buenas intenciones por parte de los supervivientes. Aunque hay discusiones entre todos, en especial cuando son incapaces de administrar la comida, saben tomar las decisiones en equipo y se ayudan en todo momento. Muestra a unos personajes humanos, con sus virtudes y sus debilidades, capaces de sacrificarse por los demás y de discutir por cosas triviales.
Según los testimonios de los verdaderos protagonistas de la historia, que en algunos casos asistieron al rodaje, lo que se ve en pantalla es bastante fiel a la realidad, tanto las relaciones entre los personajes, los lugares escogidos etc. Incluso los nombres en la ficción son los mismos que los jugadores del equipo que sobrevivieron. “Viven” no sigue la fórmula de las típicas películas catastrofistas, donde se caen aviones, se hunden barcos, se incendian edificios etc., aquí también se estrella un avión pero esa es la parte inicial de una historia que luego se centra en las personas, en las relaciones entre unos y otros, y en la buena convivencia de unos hombres en una situación límite, desesperada. Difícilmente es imaginable un sufrimiento mayor al que soportaron aquellos jóvenes, solos en medio de la nada, con los amigos heridos o muertos, en medio de tormentas de nieve impresionantes. Pero el guión no insiste en demasía en estos aspectos, ya que entre otras cosas, el espectador ya los está viendo y se puede hacer una idea de lo que sucede.
“Viven” es una historia apasionante, totalmente increíble que es difícil que se repita alguna vez. Hoy día es impensable que en un avión que se estrella, como ese lo hizo, pueda haber algún superviviente, y si los hay, que después de estar muchas semanas en medio del crudo invierno de las montañas, logre sobrevivir y pueda contarlo. El filme es un ejercicio de gran superación y esperanza que nos plantea qué hacer en una situación límite, como estar a 20 grados bajo cero, sin comida y sin saber si alguien vendrá a salvarnos.
La cinta deja un mensaje de lealtad, amor y sobre todo nos dice que nunca debemos darnos por perdidos, que siempre hay que luchar hasta el último momento porque puede existir una oportunidad cuando menos se espera, la de ellos llegó. Si a algunos de los vivos le dicen el primer día que estarían ahí tantas semanas incomunicados pero que al final saldrían adelante, ninguno de ellos lo creería: el destino puede ser al mismo tiempo cruel y generoso.

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